
Un equipo de científicos del Hospital General de Massachusetts (EE UU) ha descubierto que el grosor de la corteza cerebral en los adictos a la cocaína es menor que en las personas que no la consumen.Las causas de esta y otras alteraciones, dicen los científicos que publican este jueves su trabajo en la revista ´Neuron´, podrían residir en parte en el abuso de la sustancia, pero también podría ser el resultado de una predisposición genética a la adición.Comparando las imágenes tomadas por resonancia magnética de cerebros de adictos y no adictos, los investigadores han detectado que la disminución es especialmente pronunciada en las regiones de la corteza -la parte más externa, también llamada córtex- que participan en los procesos cognitivos y de motivación.Los test psicológicos a los que se sometieron adictos y no adictos mostraron que los primeros tenían una menor capacidad de motivación y de prestar atención, y que esos cambios en la conducta se correlacionaban con el grosor de las regiones del córtex importantes para realizar esas funciones.

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